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Omella repasa su presidencia en el 60º aniversario de la CEE: «No hay verdadera evangelización sin comunión»

El arzobispo de Barcelona hace balance de cuatro años intensos al frente de los obispos españoles, marcados por el confinamiento de 2020, la centralidad de las víctimas y el impulso al laicado

La Conferencia Episcopal Española ha presentado el tercer videopodcast conmemorativo de su sexagésimo aniversario, protagonizado por el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y presidente de los obispos entre 2020 y 2024. Producida por Ábside Media y difundida a través de YouTube, esta serie de entrevistas precede al estreno del documental «60 años de la CEE: una historia compartida», programado en el marco de la próxima Asamblea Plenaria del episcopado —del 16 al 23 de noviembre—.

En la conversación, Omella define a la CEE como una herramienta insustituible para el ministerio episcopal, al punto de sostener que «si no existiese, la tendríamos que haber inventado», ya que responde a la necesidad de trabajar desde «la fraternidad, de mirar el mundo conjuntamente» y ayuda a los obispos a «situarnos mejor ante la realidad que nos toca vivir en cada momento».

El inicio de la presidencia de Omella, en marzo de 2020, coincidió de forma inmediata con el estallido de la pandemia de COVID-19 y el confinamiento de la sociedad española. El cardenal recuerda las primeras semanas de aislamiento, admitiendo que «nos sentíamos muy extraños, no podíamos salir a la calle, difícilmente podíamos ir a comprar cosas… menos mal que teníamos la televisión y el teléfono».

Omella, que vivió aquel periodo recluido en el obispado de Barcelona junto a su comunidad de sacerdotes, contrasta su vivencia comunitaria con la dura realidad de millones de hogares: «¡Cuántas familias no han podido vivir eso! O, si lo han vivido, en zonas muy estrechas, con el agobio de estar muy juntos». Pese a lo dramático de la situación, afirma que «fue una experiencia dura, pero nos llevó a descubrir que nos necesitamos, que estamos hechos para la relación, para amar y ser amados».

Asimismo, evoca la imagen icónica del papa Francisco cruzando en soledad y bajo la llovizna la Plaza de San Pedro el 27 de marzo de 2020 para impartir la bendición Urbi et Orbi. En el plano operativo, la CEE tuvo que adaptar sus dinámicas mediante videoconferencias —modalidad sobre la que confiesa que «a mí no me gustaba mucho. No es lo mismo que presencial»— y coordinarse con las autoridades civiles para regular las exequias y la atención en hospitales. De aquel tiempo crítico extrae una certeza compartida: «Nos necesitamos todos. Estamos todos en la misma barca, tenemos que ayudarnos y no olvidarnos del otro».

Siguiendo las orientaciones del papa Francisco, Omella enfatiza la necesidad durante su mandato de contemplar la realidad «desde los ojos de los pobres», y exige que la fraternidad no se restrinja al ámbito local. En materia migratoria, reclama acoger e integrar a quienes llegan, pero también actuar en origen: «Tenemos que mirar a los pobres, acogerlos cuando vengan, integrarlos en nuestra sociedad, pero también hay que ayudarles a que no tengan que salir». A su juicio, la principal enseñanza de la crisis pasa por cultivar la humildad y «avanzar siempre hacia una cultura del encuentro».

Otro eje central de su mandato fue el impulso a la sinodalidad y la revalorización del laicado, marcado por el Congreso de Laicos Pueblo de Dios en salida, de febrero de 2020. El prelado recalca que el bautismo constituye la base de la comunidad cristiana: «Los laicos son el alma, son la base de la Iglesia. Y al servicio de ese Pueblo de Dios, que son los laicos, están el ministerio sacerdotal, están los religiosos, están todos». En este marco, defiende un diálogo sincero dentro y fuera de la Iglesia: «Nunca enfrentarnos, porque tú no piensas como yo».

Durante su presidencia, la CEE también encargó en 2022 una auditoría independiente para abordar los casos de abusos sexuales en el seno de la Iglesia. El arzobispo de Barcelona no oculta el dolor institucional que esta realidad acarrea y condena el impacto sobre los más vulnerables: «El tema de los abusos nos ha hecho sufrir, nos hace sufrir a todos. Y eso es un escándalo. Cuando la dignidad de cada persona humana está herida, y más de los frágiles y débiles, como son los pequeños o los discapacitados, te duele mucho. Hay que afrontarlo y, sobre todo, mirar a las víctimas».

Omella enfatiza asimismo que la acción pastoral exige escucha, prevención y reparación efectiva: «Tenemos que mirar a la víctima para que su herida vaya sanando. Y eso exige esa reparación, ese acompañamiento, esa mirada de cariño y de ternura que no han encontrado. Yo creo que eso lo hemos aprendido. Queríamos responder y hemos respondido».

En el ámbito institucional, el expresidente de la CEE repasa sus encuentros con el Gobierno para tratar asuntos de interés común, defendiendo el derecho de los creyentes a intervenir en la esfera pública: «Como creemos que nuestro pensamiento es válido, queremos ofrecerlo a la sociedad. Por eso yo creo que los cristianos tienen que estar en todos los ámbitos sociales». Sobre la invasión de Ucrania en 2022, vivida «primero con asombro y luego con dolor», resume la respuesta eclesial de acogida y oración afirmando que «esta es la Iglesia: se asombra, reza y procura estar cerca y caminar con esa gente que nos necesita».

Al divisar el futuro de la evangelización —enmarcado en las líneas pastorales 2026-2030, tituladas «Poneos en camino»—, situó a la familia como «la célula básica de la sociedad y de la Iglesia», donde todo se aprende. Finalmente, manifiesta su confianza en las jóvenes generaciones y llama a audacia misionera: «Se necesita gente valiente y con ánimo para ser testigos de algo tan importante. Necesitamos ser más misioneros». Su síntesis de cierre reafirma el principio rector de toda su trayectoria: «No hay verdadera evangelización sin comunión».

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