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El Vaticano ante la decisión del Parlamento Europeo: «La borrachera de individualismo está detrás del supuesto derecho al aborto»

El presidente de la Pontificia Academia para la Vida, Vincenzo Paglia, denuncia que la votación es un retroceso, pues va contra los más débiles

Tras la votación del Parlamento Europeo favorable a incluir el aborto en la Carta de Derechos Fundamentales de la UE —una declaración de intenciones, pues, para que esto suceda, requiere del voto unánime de los 27 países—, la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (Comece) ha expresado su rechazo, tristeza y enorme preocupación, al considerar que el derecho fundamental a proteger es la vida y no el aborto, una práctica que la niega cuando ésta es más vulnerable.

De esta forma, monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, ha declarado que esta iniciativa parlamentaria resulta «totalmente ideológica en el sentido negativo del término, porque deberíamos tener en cuenta a las mujeres, ayudarlas, apoyarlas, también porque muchas de ellas que abortan lo hacen por desesperación».

En una entrevista mantenida con Vatican News, denunció que el principal problema de esta legislación es «la total ausencia del derecho del niño por nacer. En mi opinión, es muy grave tanto desde el punto de vista cultural como social. Me parece una opción que va hacia atrás, no hacia delante, y va en contra de ese respeto a todos los derechos, incluso de los más débiles, y en este caso el niño no nacido es más débil, no puede hablar, no puede reclamar nada… Y es lógico, demasiado fácil, hacer valer los derechos del más fuerte y olvidarse del más débil». Por tanto, defiende, «es una elección equivocada reivindicar un derecho sólo de una parte, no de ambas».

En su opinión, la votación del pasado jueves «delinea una mentalidad muy individualista y no tiene en cuenta la realidad de la vida. No olvidemos que cuando una mujer está embarazada existen dos realidades. En este sentido, la total revalorización de los derechos individuales en detrimento también de los deberes para con los demás nos lleva a una triste deriva, la deriva de que cada uno puede ser juez de sí mismo. Y este cada uno puede ser el individuo, puede ser un grupo, una nación». «En este sentido –prosigue– hay una borrachera de individualismo». Por todo ello, «es necesaria una justicia eficaz que ayude a las mujeres a defender su dignidad, su derecho al trabajo, su derecho a expresarse plenamente como cada persona humana».

En su crítica, monseñor Paglia no quiere dejar de pasar la cuestión de que «la oposición al aborto no es sólo una cuestión católica. Tengo muchos amigos, por ejemplo, Angelo Vescovi, que es presidente del Comité Italiano de Bioética, que está en contra del aborto a pesar de no ser creyente ni católico. Aquí el problema es muy simple: ¿la persona engendrada es una vida o no? Si es una vida, ¿con qué derecho la excluyo o elimino?». Siguiendo esta lógica, «despreciar totalmente el derecho de quien va a nacer en favor de los derechos de otro, sobre todo si luego no puede decidir nada, parece claramente un retroceso cultural. De esto no tengo ninguna duda, debería crecer al contrario». Debido a esta cuestión, se apoya en la última declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, de que la dignidad infinita pertenece a todos, «y por eso la Iglesia debe defender la vida: estamos contra la pena de muerte, contra la guerra, contra el aborto, contra la injusticia, contra la ausencia de derechos en el trabajo, la ausencia de defensa de la vida incluso para los que trabajan en condiciones terribles. Esto es lo que debemos promover absolutamente: la defensa de la vida en su conjunto, empezando por la de los más débiles».

Por último, monseñor Paglia ha señalado que «el problema ahora no es inmediatamente el legislativo, porque creo que será difícil que se apruebe. El problema es cultural y es muy profundo, precisamente porque creo que la acentuación exaltada, exagerada, de los derechos individuales nos hace olvidar que todos estamos interconectados, todos estamos vinculados».

Y ha añadido: «El misterio de la maternidad y del nacimiento es uno de los misterios que califica el sentido mismo de la vida y de la humanidad, a saber, que somos plurales desde el principio: si la mujer decide por sí misma sin tener en cuenta nada, es un vulnus a esa concepción del nosotros que está desde el principio. En este sentido, también debemos redescubrir la corresponsabilidad por la vida que está naciendo. ¿Quién tiene derecho a suprimirla? Por eso creo que es un problema cultural mucho más profundo que una superficialidad, yo lo llamaría la borrachera del derecho individual».

Y ha finalizado la entrevista recordando a la madre Teresa de Calcuta, quien «ofreció cobijo a las mujeres embarazadas diciendo: den a luz, que yo me encargaré de ellos, porque tantas mujeres abortan porque tienen problemas, quizá económicos o incluso psicológicos o de otra índole, porque están solas y no reciben ayuda. Por eso creo que frente a una cultura que sigue exaltando el yo, debemos empujar hacia una cultura del nosotros. Porque el nosotros es la sustancia de lo humano, es la sustancia de la solidaridad, de la fraternidad y, por tanto, también de la justicia».

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