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Vida Consagrada en España

Así es la «representatividad bastante hermosa» de la vida consagrada en España

Más de 45.000 personas entregan su vida a Dios y a los demás en diferentes formas de vida —activa, contemplativa, vírgenes consagradas, institutos seculares, eremitas y familias eclesiales— y carismas

La Iglesia en España está en pleno trabajo por la recuperación de la cultura vocacional, que no solo tiene que ver con una llamada, que también, sino fundamentalmente con la responsabilidad bautismal, que luego se concreta en una forma de vida. Y, por ello, las jornadas que celebran todas las vocaciones durante este año comparten lema: ¡Hágase tu voluntad! En este contexto, de una jornada mundial, la vida consagrada en España renueva la disponibilidad de tantas personas, en torno a 45.000 en nuestro país, que se han entregado a Dios y a los demás a través de distintos carismas y en diversas situaciones.

Las cifras no son las de otros tiempos, pero, como dice María José Tuñón, directora de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada, esta realidad eclesial tiene todavía «una representatividad bastante hermosa». Por ejemplo, según los datos recabados por la citada comisión, en España hay 32.967 miembros de institutos religiosos de vida activa y sociedades de vida apostólica —la gran mayoría, mujeres (25.116), a los que hay que sumar 7.676 contemplativos (7.242 mujeres), 2.478 miembros de institutos seculares, 33 eremitas, 228 vírgenes consagradas y casi 1.800 miembros de familias eclesiales.

«Lo importante aquí —continúa Tuñón— es reconocer que Dios se vale y mira a los pequeños. Quizá estamos viviendo un momento de la vida consagrada en la que la esterilidad es signo de vida, por paradójico que parezca. Si acudes a la Palabra de Dios, fíjate de quién se vale. Se vale de los pequeños, de los débiles».

Y, por eso, señala que los religiosos y consagrados hoy están llamados a ser «una voz humilde y sencilla, pero profética, llamada a adelantarse». «La Iglesia necesita la profecía de la vida consagrada y, precisamente, las jaculatorias ¡Aquí estoy! ¡Aquí estamos ¡Hágase tu voluntad encierran un compromiso profético para una Iglesia sinodal en misión», dicen en su mensaje los obispos de la Comisión para la Vida Consagrada.

Son muchos los retos que afronta la vida consagrada en España. Por ejemplo, cómo afrontar la realidad de contar con muchos hermanos mayores, con vidas gastadas, «icono vivo para las nuevas generaciones» y, a la vez, dar respuesta a los jóvenes que llegan buscando radicalidad. O como poner en un lugar privilegiado a los pobres, que no son solo los que experimentan la carencia material, sino aquellos a los que viven en soledad. También es un reto cómo trabajar con las familias o la gestión de la contrariedad. Porque, dice Tuñón, «no estamos para elevarnos nosotros, sino por Otro» y explica que la presencia de la vida consagrada es la de la fecundidad escondida de la entrega diaria en los hospitales, colegios, parroquias, en el acompañamiento de tanta gente y en la oración y en la adoración».

Y concluye: «Ojo, porque de donde bebe la vida consagrada es de la fuente de la Eucaristía y la oración Si nos falta esto, todo lo demás no vale para nada».

Ni agotados ni detenidos

Desde la CONFER, el presidente y la vicepresidenta, Jesús Díaz Sariego y Lourdes Perramon Bacardit respectivamente, han publicado un mensaje, donde inciden en que, a pesar de inquietudes y preocupaciones, «el don de Dios que los distintos carismas nos ofrecen no está agotado, ni su fuerza se ha detenido».

Y continúan: «Su gracia sigue presente en el corazón de la Iglesia y su urgencia está aquí y allá, donde la humanidad sufriente precisa de cuidado y acompañamiento. Cercanos y solidarios con todas las personas, especialmente con aquellas que más sufren, los carismas siguen evolucionando al ser llevados por la gracia de Dios hacia su mejor donación y entrega».

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